Mi hija lloraba y lloraba sin razón aparente, le ofrecí comida y la rechazó con rabia.... Gritaba desconsolada, no era dolor porque no mostraba ningún malestar en alguna parte de su cuerpo. Le ofrecí bañarse y no quiso. Le ofrecí dormir y colocaba su boca en el pecho y decía: no sale! Llorando brava y gritaba.
Empezaba a preocuparme, desesperarme e impotente de no encontrar forma de calmarla. La verdad es que desde que es bebé, sería la segunda vez de un llanto sin razón aparente, de esos que la creencia popular diría: es mal de ojo.
Con ella cargada, empezamos a regar las plantas, y le pregunté: porqué estamos llorando? Qué estoy llorando? Qué es lo que me molesta tanto? Qué me preocupa?
Cómo bien lo dice #LauraGutman, cuándo un bebé llora y ya se han atendido todas sus necesidades, hay que preguntar: por qué llora la madre?
Yo, la adulta, no sentía ganas de llorar, nada, en absoluto.
Sin embargo, pude identificar que estaba nerviosa y con cierta incertidumbre en una nueva etapa que se aproxima, algo nuevo para mi, para ambas: dejarla con alguien más que no sea su abuela, para yo ir a trabajar.
La abuela materna no está, y yo siento que me falta un punto de apoyo, siento miedo de dejarla con otra persona y que no la comprenda, siento miedo, y mientras escribo estas palabras se me hace un nudito en el estómago, me dan ganas de llorar, paso el susto y vislumbró que todo está bien y todo estará genial.
Me doy cuenta que el miedo es normal cuando algo nuevo está por venir, es normal que sintamos incertidumbre, es normal que nos paralicemos y no sepamos que nos sucede realmente. Probablemente sí mi hija no llorara y expresará su incomodidad, yo no me daría cuenta de lo que sucede en mi.
Finalmente luego de hacerle las preguntas, ella se calmó, yo me dí cuenta que es un asunto mío y ella feliz comió, jugó y se durmió.
Los adultos como no vivimos el presente y observamos todo en los demás y no en nosotros mismos, nos cuesta un poco más identificar lo que nos sucede. A medida que tomamos más consciencia de nuestras emociones, validamos lo que sentimos, podemos modelar en ellos (los hijos) el manejo de las emociones.
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